Una historia de amor animal 

David y Raúl se conocieron llevando a sus hijos a la escuela bosque. Entre charlas sobre crianza, surgió una amistad natural, y poco a poco descubrieron que compartían una mirada muy similar sobre la vida: el valor de lo sencillo, el ritmo del campo, y la idea de que el bienestar —de personas y de animales— empieza siempre por la presencia, el respeto y la calma.

Raúl venía de Asturias, de una vida entera entre campos y animales. Veterinario de profesión, pastor por pura afición, es un alma serena por naturaleza. Su forma de trabajar siempre se ha guiado por una relación profunda con el animal y con el entorno, lejos del ruido, las prisas y la despersonalización de la veterinaria actual.

David, nacido en el Pirineo y con una infancia entre las cabras de su abuelo y los pájaros de su tío abuelo. Sensible y curioso, le mueve hacer más bonitas y llevaderas las experiencias que importan. Desde la estrategia y el diseño, aporta otra forma de mirar el bienestar animal.

Así nació Calmavet. Una propuesta que combina la sensibilidad del campo con la ciencia veterinaria y la cercanía con la tecnología, para cumplir con una misión sencilla pero profunda: mejorar la calidad de vida de los animales y también la de quienes los acompañan, hasta el último segundo.

Una vocación que seguimos alimentando con la misma naturalidad con la que empezó: desde el respeto, la escucha y la calma.